Extraordinario artigo histórico.

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Extraordinario artigo histórico.

Mensaje  Navy el Miér 04 Mayo 2011, 7:49 pm

¿Qué hacer con el enemigo muerto? El problema se ha
planteado y resuelto de diferentes maneras desde que Aquiles se cebó con el
cuerpo de Héctor, que es muy a menudo la primera reacción natural que tienes
tras cargarte a alguien contra el que te las has tenido duras (el pélida luego
se ablandó y lo devolvió, ajado, eso sí). Probablemente muchos en EE UU
hubieran visto bien que Obama enganchara al
abatido Bin Laden a un carro y lo arrastrara por, pongamos para
hacerlo más homérico y ejemplar, el polvoriento Afganistán. En cambio ese hijo
del desierto ha tenido un entierro de marino, qué cosa.


Deshonrar y hasta mutilar al líder enemigo caído, convertir
su cráneo en copa, quedarte una mano o el pelo, ha sido habitual en la Historia
-sin duda también en la prehistoria-, especialmente si el tipo había sido muy
peligroso. La Biblia, siempre tan edificante, aporta numerosos ejemplos de
trato poco amable con los enemigos caídos: se los echaba a los perros, previo
corte del prepucio en caso de que no estuvieran circuncidados. David exhibió la
cabeza de Goliath y sus armas y dio su cuerpo a las aves del cielo y los
animales de la tierra, que suena poético pero es, hay que convenir,
desconsiderado.


El buen trato ha quedado normalmente para los rivales que no
eran excesivamente peligrosos; se puede ser elegante con el cadáver del barón
Rojo, por ejemplo, un individuo en el fondo irrelevante aunque derribara muchos
aviones, o con Napoleón una vez desactivado por la vía de dejarlo vegetar un
buen tiempo. O con Lee, al cabo uno de los nuestros, enterrado con gran pompa
en Arlington. Eliminar o escamotear el cuerpo es un recurso corriente. El
cadáver de un gran enemigo suele seguir siendo peligroso; sus partidarios
pueden convertir en santuario su tumba y extraer fuerza de ella, y ya no lo
puedes matar dos veces. O a veces sí: a Oliver Cromwell se lo desenterró para
una insólita ejecución póstuma, el cadáver fue desmembrado y la cabeza
empalada, aunque una tradición sugiere que el verdadero cuerpo fue sepultado
por sus partidarios en el Támesis -una tumba húmeda, como la de Osama- para
evitar precisamente las vejaciones.


Lord Kitchener, se sostiene, tras bombardear su tumba en
Omdurman hizo desenterrar el venerado cuerpo del mesiánico Mahdi, que les había
dado tanta guerra a los británicos en Sudán, y se hizo con su cráneo un
tintero. Es conocido el revuelo con el cadáver del Che Guevara: enterrado de
mala manera tras su tortura y asesinato, se le cercenaron las manos para poder
cotejar sus huellas dactilares con las de la policía argentina (hoy hay medios
más sutiles que se habrán empleado seguramente con Bin Laden). En 1997, tras
revelarse el paradero del cuerpo, fue exhumado y repatriado a Cuba con gran ceremonia,
aunque hay fundadas dudas de que se trate del auténtico.


Desconocemos el destino de los cadáveres de los grandes
enemigos de la antigua y práctica Roma, de la que es tan heredero EE UU: ni
Aníbal -aunque se le atribuye una en Turquía-, ni Vercingetorix (ejecutado
miserablemente tras pasearlo en triunfo César), ni Arminio han tenido tumbas
que podamos ubicar con certeza (y que podrían haber alentado resistencias). No
es casual tampoco, probablemente, que ni Zahi Hawass pueda encontrar la de
Cleopatra. Los romanos tenían experiencia del impacto de un cadáver en la
opinión pública como muy bien experimenta el Brutus de Shakespeare.


Con los líderes nazis se fue con mucho tiento para no
convertir sus últimas moradas en lugar de peregrinación y rearme ideológico.
Los cuerpos de los ejecutados tras los juicios de Nurenberg fueron incinerados
y las cenizas esparcidas en el río Issar. Las de Eichmann los judíos las
arrojaron al mar. El cuerpo de Rudolf Hess fue devuelto a la familia pero con
la condición de enterrarlo en secreto. El caso de Hitler, como todo él, es
especial. Los rusos sepultaron, después de enterrarlos y exhumarlos el SMERSH
varias veces por la paranoia de Stalin, sus restos carbonizados junto a los de
Eva Braun y Goebbels y su mujer (los dos últimos solo algo braseados) en un
lugar cuya localización se mantuvo oculta y tras conservar algunas cosillas.


En 1970 el KGB hizo desaparecer definitivamente todos los
restos -que se sepa- quemándolos y arrojando las cenizas al Elba. Hay que tener
cuidado, no obstante, con el impulso inicial de maltratar el cadáver del
enemigo y deshacerte de él: luego te encuentras con las dudas sobre su
identificación (aunque la fotografía ha ayudado mucho) y sin trofeo. Si
humillas, además, aumentas el deseo de venganza. Exhibir la presa es
fundamental para que se sepa que la has cobrado (y aleccionado). Recuérdense
las imágenes del Mono Jojoy de las FARC el año pasado (y que a Tiro Fijo se le
dio por muerto en varias ocasiones). En el pasado, se solía llegar a una solución
de compromiso: te ensañabas con el cuerpo, al que le podías hacer mil
pillerías, y conservabas la cabeza, como testimonio y ejemplo. Fue lo que
hicieron en el siglo IX los árabes de Ibn Rustum tras ejecutar a los vikingos
que habían asaltado Sevilla: las cabezas de los jefes fueron enviadas a Bagdad
preservadas en miel.


Otro líder célebre, enemigo de EE UU, por cierto, del que se
conservó villanamente la cabeza, que se exhibió en ferias disecada -fue
devuelta a la familia en 1984-, es el Jefe José (Kintpuash), el valeroso
caudillo de los indios Modoc, ahorcado en 1873 después de perder su tribu la
guerra contra los cuchillos largos. Siempre se ha intentado evitar que los
restos del líder caigan en manos del enemigo. No solo por honor: luego siempre
puedes decir que ha sobrevivido y un día volverá (hay que ver la que se montó
con ese resistente judío llamado Jesucristo); resulta imposible vencer a una
sombra. Es legendaria -y la narró el recién desaparecido Ernesto Sábato- la
cabalgada de varios días de los hombres del general Lavalle, de Jujuy a
Huacalera, con el cuerpo putrefacto del jefe para evitar que se hicieran con él
las tropas del general Oribe: al final los fieles soldados decidieron descarnar
al amado mando y transportar solo los huesos...


http://www.elpais.com/articulo/internacional/Consejos/historicos/deshacerse/enemigo/muerto/elpepuint/20110503elpepuint_14/Tes

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Vds. los Delta son un grupito de vaqueros sin disciplina.
Le diré una cosa Sgt., cuando estén en la línea de tiros libres necesitarán a mis Rangers, así que más les vale que aprendan a jugar en Equipo .
No tengo más que decir. -Capt. Steele *BHD*-

Timeo BlackWing Plusquam Danaos

In 1972 a crack commando unit was sent to prison by a military court
for a crime they didn't commit. These men promptly escaped from a
maximum security stockade to the Los Angeles underground. Today,
still wanted by the government, they survive as soldiers of fortune.
If you have a problem - if no one else can help - and if you can find
them - maybe you can hire: The A-Team.

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